
Un país que se sostiene sobre dos obsesiones: la carne y la melancolía. En Buenos Aires se cena tarde, se baila tango sin folclore, se discute de Borges y de River Plate con la misma gravedad. Más allá, la pampa de los gauchos, el mate que circula, el malbec de Mendoza, el asado que humea toda la tarde. Luego la Patagonia, los glaciares, el viento. La carne argentina merece su fama. El viento también.
